Transferir millones de euros sin dejar huella bancaria es una prioridad para muchas redes criminales. Para ello recurren a sistemas informales basados en la confianza, alejados de cualquier supervisión financiera. La hawala, un mecanismo de transferencia ancestral, es uno de los métodos más utilizados. En España, la Policía Nacional ha desmantelado recientemente una célula que operaba como una entidad financiera paralela al servicio del narcotráfico internacional.
Este artículo explica qué es exactamente este sistema, cómo funciona y por qué continúa siendo una herramienta clave para organizaciones dedicadas al blanqueo de capitales, según fuentes policiales y organismos especializados.
¿Qué es el sistema hawala?
La hawala es un método tradicional de envío de dinero que funciona a partir de redes de confianza entre intermediarios. Según la literatura histórica, surgió en el sur de Asia alrededor del siglo VIII y se extendió entre comerciantes de la Ruta de la Seda. Aunque su origen es antiguo, sigue utilizándose hoy en regiones de Oriente Medio, África y el subcontinente indio.
La particularidad de este sistema es que opera fuera de la banca formal: no requiere documentación, no genera registros verificables y no está sujeto a supervisión estatal. Los intermediarios, conocidos como hawaladars, se relacionan a partir de vínculos personales o comunitarios.
Este mecanismo se utiliza en contextos legítimos —por ejemplo, para enviar remesas a países con escaso acceso bancario—, pero la ausencia de controles lo ha convertido, según informes del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), en una herramienta frecuente para mover fondos procedentes del narcotráfico u otras actividades ilícitas.
Cómo funciona el hawala paso a paso
El funcionamiento es simple pero muy difícil de rastrear. Un esquema habitual, descrito en diversas investigaciones, se desarrolla de la siguiente manera:
Paso 1. Un cliente entrega efectivo a un hawaladar en el país donde se generan los fondos y acuerda con él una contraseña o código.
Paso 2. Ese intermediario contacta con un hawaladar asociado en el país de destino, al que comunica la cantidad y el código.
Paso 3. El segundo hawaladar entrega el equivalente en efectivo —tras aplicar una comisión que suele situarse entre el 1 % y el 3 %— a quien aporte la contraseña correcta.
Paso 4. Ambos intermediarios compensan sus cuentas posteriormente mediante operaciones inversas, intercambio de mercancías o facturación comercial simulada.
La clave del sistema es que el dinero no cruza fronteras. Solo cambia de manos localmente, lo que evita dejar rastro en transferencias bancarias o en sistemas de vigilancia financiera.
Por qué el narcotráfico usa la hawala
Las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas recurren a la hawala por varias razones documentadas en investigaciones europeas:
- No deja rastro bancario. No existen datos sobre origen, destino o identidad de los implicados, lo que dificulta el seguimiento policial.
- Velocidad. Las operaciones se completan en pocas horas, sin activar alertas de prevención de blanqueo.
- Coste reducido. Las comisiones suelen ser inferiores a las de muchos servicios de envío de dinero.
- Anonimato. No se exige verificación de identidad ni comunicación a autoridades financieras.
Para estas redes, que generan grandes cantidades de efectivo en el extranjero, el sistema permite “repatriar” esos fondos sin trasladarlos físicamente y sin exponerse a controles en aeropuertos o fronteras.
La operación policial en España: resultados y métodos
La investigación comenzó cuando la Policía Nacional detectó movimientos inusuales de efectivo en una vivienda de Rivas Vaciamadrid. Según fuentes policiales, ese inmueble funcionaba como centro de distribución desde el cual se organizaban entregas de dinero en distintos puntos del país.
El operativo terminó con 16 detenciones, incluido el principal hawaladar de la red. Seis de los arrestados ingresaron en prisión provisional. En los registros realizados en Madrid, Málaga, Huelva y Guadalajara se incautaron más de 500.000 euros en efectivo, 15 relojes de alta gama, dos armas cortas, 170 cartuchos y ocho vehículos valorados por su elevado precio de mercado.
El grupo mantenía un sistema logístico constante: varios miembros recorrían cientos de kilómetros diarios transportando efectivo oculto en compartimentos preparados en los vehículos, conocidos como caletas. Cuando los narcotraficantes vendían droga en otros países, el hawaladar recogía allí el dinero y entregaba en España la cantidad equivalente, descontando su comisión. Ese efectivo podía integrarse en la economía legal o destinarse a nuevos cargamentos.
Desafíos para las autoridades en la lucha contra la hawala
Perseguir estas redes es especialmente complejo. La ausencia casi total de documentación obliga a fundamentar las investigaciones en vigilancia física, intervenciones autorizadas y seguimiento de movimientos de efectivo. Son procedimientos que requieren tiempo, recursos y coordinación interterritorial.
A ello se suma la estructura cerrada de muchas redes hawala, basadas en vínculos familiares o comunitarios difíciles de infiltrar. Su carácter transnacional exige además cooperación policial con varios países de manera simultánea.
En el plano legal, la hawala no está prohibida en todos los Estados. En algunos lugares solo se considera delito cuando se demuestra su relación con actividades criminales, lo que limita la capacidad para actuar de forma preventiva. Las autoridades también alertan de la combinación cada vez más frecuente entre hawala y criptomonedas, que añade nuevas capas de opacidad.
Organismos como el GAFI recomiendan introducir obligaciones de licencia para los hawaladars y exigirles que reporten transacciones sospechosas, con el fin de equilibrar el uso legítimo del sistema y el control del blanqueo de capitales.